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©valss|Office de Tourisme des Pyrénées cathares

Iglesia rupestre de Vals

Extraordinario y misterioso

Cerca de Mirepoix, el pequeño pueblo de Vals esconde un tesoro: la iglesia semirupestre de tres pisos, famosa por sus frescos románicos de gran interés histórico y artístico. Construida en la roca, esta iglesia es una auténtica joya del arte románico pirenaico.

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Léo

Me introduzco por una grieta del muro: subo unos veinte escalones por una escalera de piedra y descubro un santuario de tres niveles.
Sorprendido, avanzo y me quedo extasiado ante los frescos cuidadosamente conservados, que llevan allí desde el siglo XI: fresco de la Anunciación, fresco de la Natividad, los apóstoles San Pedro y San Andrés....
Una iglesia sorprendente que esconde muchas de sus joyas.

Una iglesia en la roca

Aquí le esperan 3.000 años de historia. Pero no fue hasta el siglo XIX cuando el abate Durand descubrió esta iglesia semitroglodita y sus excepcionales frescos. Fue declarada monumento histórico en 1910.

Los vestigios de la iglesia se remontan al siglo XI, y ha sufrido numerosas renovaciones y ampliaciones a lo largo de los siglos, lo que le ha permitido sobrevivir hasta nuestros días.

La originalidad de esta iglesia reside en su construcción en tres pisos: la cripta, luego el ábside y finalmente la parte superior, que sirve de nave, con la hermosa torre dedicada al arcángel San Miguel.

Un marco para una joya rara y preciosa…

Frescos

Escondido en la roca

Todo comienza con la entrada a la iglesia… Es a través de una grieta entre dos rocas Poudingue. ¡El misterio comienza! Te cuelas por este estrecho pasadizo hasta la cripta.

La cripta está construida en la roca. Es la parte más antigua del edificio. Los muros son gruesos y la luz apenas se filtra por las finas aberturas, lo que contribuye al ambiente de misterio y contemplación de esta capilla insólita.

Unos escalones conducen a los frescos. El carácter excepcional de esta iglesia rupestre no se debe únicamente a su aspecto troglodita. Aquí sus ojos se verán atraídos por un tesoro que se conserva desde el siglo XII: magníficos frescos románicos de origen catalán. Tienen cierto parecido con los de la vecina Cataluña española. Ilustran tres periodos de la vida de Jesús, desde su nacimiento hasta el Juicio Final.

Gracias al milagro de las campañas de restauración, los colores de los frescos son casi los mismos que en sus orígenes… Tenemos la suerte de poder admirar estos frescos en su marco original, en la atmósfera contemplativa del lugar para el que fueron concebidos, y no en el frío contexto de un museo…

La iglesia moderna se encuentra en la parte superior. Desde aquí se puede acceder a una terraza desde la que se domina el pueblo y sus alrededores.

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Qué ver

  • Los frescos de la iglesia
  • La vista panorámica de los Pirineos
  • La sala de exposiciones del café contiguo a la iglesia